Hay un cambio silencioso pero demoledor que lleva años cociéndose en la industria del videojuego, y Sony acaba de ponerle fecha oficial: enero de 2028. A partir de ese momento, PlayStation dejará de fabricar discos físicos para sus nuevos lanzamientos, dando el paso definitivo hacia un modelo 100% digital.

Aunque la compañía justifica este movimiento como una «evolución natural hacia las preferencias del consumidor», la realidad para el jugador es mucho más amarga. La desaparición del formato físico no solo significa que las estanterías de las tiendas se queden vacías; representa el fin del mercado de segunda mano, la pérdida de la capacidad de prestar o revender lo que has pagado y la consolidación de una premisa inquietante: ya no compras videojuegos, solo alquilas el permiso para jugarlos.
La ilusión de la propiedad: Disco físico vs. Licencia digital
Para entender el alcance de esta medida, conviene recordar qué significaba comprar un juego en disco:
- Propiedad real: El soporte físico te pertenece. Puedes guardarlo, prestarlo a un amigo, regalarlo, intercambiarlo o venderlo en el mercado de segunda mano para recuperar parte de tu inversión.
- Independencia del servidor: Salvo en títulos puramente multijugador, si mañana la compañía quiebra o decide retirar el juego de la tienda digital, tu disco seguirá funcionando en tu consola.


En cambio, cuando compras un juego en la PlayStation Store (o en plataformas como Steam), la letra pequeña de los términos de servicio es tajante: no estás comprando el software, sino una licencia de uso personal y revocable. Si la desarrolladora pierde las licencias de música, cierra los servidores o decide retirar el juego, pierdes el acceso a algo por lo que pagaste 70, 80 o 90 euros.
El golpe mortal al mercado de segunda mano
El formato físico ha sido, históricamente, el gran aliado del bolsillo del jugador. El mercado de segunda mano permitía a millones de personas acceder a novedades a precios reducidos o financiar sus próximas compras vendiendo los títulos que ya se habían pasado.

Sin discos en circulación:
- Desaparece la competencia de precios: En un ecosistema puramente digital y cerrado como el de PlayStation, Sony tiene el monopolio absoluto de la fijación de precios en su tienda. No hay tiendas de barrio, ni portales de compraventa entre particulares, ni ofertas de segunda mano.
- El control es total: El precio del juego lo decide la editora cuando quiere y como quiere. Si no hay rebaja oficial, el precio se mantiene inflado indefinidamente.
- Control sobre la cuenta del usuario: Si por cualquier motivo tu cuenta es baneada o sufre un problema de acceso, pierdes instantáneamente toda tu librería de juegos acumulada durante años.
Preservación histórica y resistencia legal
La desaparición de los discos plantea una amenaza crítica para la preservación de la cultura del videojuego. Sin soporte físico ni distribuidores independientes:
- Los videojuegos se convierten en contenido efímero: Si una editora decide descatalogar un título por cuestiones de licencias de marcas, música o derechos de autor, el juego desaparece de la historia sin dejar rastro legal accesible.
- La alternativa en PC: Plataformas como GOG (Good Old Games) ofrecen instaladores sin DRM (Digital Rights Management), lo que permite al usuario descargar el archivo del juego y guardarlo en un disco duro externo de forma permanente. Lamentablemente, este modelo no existe en los ecosistemas cerrados de consolas de sobremesa.