Hubo un tiempo en el que las ferias de tecnología solo hablaban de una cifra: 8K. Se nos prometió una nitidez tan real que la pantalla parecería una ventana. Sin embargo, lo que parecía el siguiente paso lógico en la evolución del entretenimiento doméstico está sufriendo un frenazo en seco. LG, uno de los pioneros y mayores defensores de esta resolución, ha decidido pausar la producción de nuevos modelos 8K para 2026.
¿Qué ha pasado para que una tecnología tan espectacular termine en un callejón sin salida? Aquí te contamos las claves de este «adiós» (o «hasta luego») al ultra-ultra alta definición.
1. El veredicto del mercado: La demanda no existe
A pesar de los esfuerzos de marketing, los consumidores no han mordido el anzuelo. Según informes recientes del sector, los usuarios prefieren invertir en paneles 4K de alta gama (con mejor brillo, negros más profundos o tecnologías como OLED y QD-OLED) antes que pagar el sobrecoste de una resolución que apenas pueden aprovechar. En un mercado donde el 4K ya se ve «suficientemente bien», el 8K se ha percibido como un lujo innecesario.

2. El fantasma de la regulación energética en Europa
Uno de los mayores obstáculos no ha sido técnico, sino legal. La Unión Europea endureció drásticamente los límites de consumo eléctrico para televisores en 2023. Los paneles 8K, al tener cuatro veces más píxeles que un 4K, necesitan mucha más potencia para iluminarse.
Para cumplir con estas normativas y poder venderse en suelo europeo, muchos fabricantes se vieron obligados a reducir el brillo de fábrica, lo que resultaba en una paradoja absurda: un televisor 8K carísimo que se veía peor que uno 4K debido a las restricciones energéticas.
3. Contenido: Un desierto de píxeles
¿De qué sirve tener un Ferrari si solo puedes conducirlo por caminos de tierra? A día de hoy, el contenido nativo en 8K es prácticamente inexistente.
- Streaming: Plataformas como Netflix o Disney+ ni siquiera contemplan el 8K debido al altísimo coste de ancho de banda que supondría.
- Cine: La mayoría de las películas de Hollywood se siguen masterizando en 2K o 4K.
- Videojuegos: Aunque Sony promocionó la PS5 con el sello «8K» en su caja, la realidad es que la consola apenas puede mover juegos sencillos a esa resolución, y la mayoría de los títulos triple A priorizan la fluidez (FPS) sobre los píxeles.
4. La Inteligencia Artificial: La salvación que llegó tarde
Irónicamente, la IA es ahora capaz de reescalar contenido 1080p o 4K a una calidad cercana al 8K de forma asombrosa. Pero esto ha terminado siendo un arma de doble filo: si un buen procesador de imagen puede hacer que un panel 4K luzca increíble, la necesidad de comprar un panel 8K nativo se vuelve todavía más difícil de justificar.
¿Es el fin definitivo del 8K?
No necesariamente. LG ha dejado claro que conservan la capacidad tecnológica y que seguirán evaluando el mercado. No es una desaparición total (Samsung, por ahora, mantiene su apuesta), sino un realismo industrial.
Al igual que ocurrió con el 3D en los televisores, el 8K parece haber sido una tecnología que llegó antes de que el mundo estuviera listo para recibirla. Por ahora, el trono del salón sigue perteneciendo al 4K, y parece que se quedará ahí por mucho tiempo.
Puntos clave para recordar:
- LG pausa el desarrollo: No habrá nuevos modelos OLED o LCD 8K en su catálogo de 2026.
- Problemas de consumo: Las leyes de eficiencia energética en la UE han herido de muerte a esta resolución.
- Falta de ecosistema: Sin cámaras, películas ni juegos en 8K, la pantalla es solo un marco vacío.